EDICTO REFLEXIVO N°. 07
GLORIA A LA "U" EN LAS ALTURAS
Porque amar a la "U" también es pensarla.
Cuzco, con su cielo de océano gigante y su aire enrarecido, fue escenario de una conquista que no solo suma puntos: engrandece el espíritu. Dicen que en la altura, todo pesa más: el aire, las piernas, los temores. Pero también se aligeran las certezas cuando la fe guía el camino. En esta jornada, la cábala fue clara: las gorras, evocando aquella histórica corrida de Beto Carranza en Pasco, sellaron el pacto invisible entre presente y leyenda. Allí donde otros flaquean, Universitario de Deportes se hizo fuerte. Y como dictan los viejos códigos del temple, fue el capitán quien guió la cruzada: Aldo Corzo, caudillo silente, puso la cabeza y el alma para sellar la victoria.
No fue un partido brillante. Fue uno de esos combates que se ganan con dientes apretados, con el corazón latiendo en la garganta. El Deportivo Garcilaso fue digno rival: propuso, atacó, incomodó. Pero la "U", fiel a su historia, resistió primero y golpeó después. Y en el momento preciso, cuando el cuerpo ya pedía clemencia, vino ese centro de Flores y el salto del capitán que ya es leyenda.
Corzo, criticado muchas veces, resistido por algunos, volvió a responder como lo hacen los grandes: hablando en la cancha, anotando cuando el margen era mínimo y el aliento escaso. Porque sólo los líderes verdaderos saben tolerar la duda sin perder la fe. Y sólo los imprescindibles emergen cuando el aire escasea.
En un partido cerrado, donde el vértigo se disfraza de trámite, fue el capitán quien alzó la voz con la cabeza. Aldo Corzo, tantas veces criticado, tantas veces ovacionado, saltó con el alma, conectó con autoridad y selló un triunfo de altura. No solo geográfica. También emocional, espiritual, simbólica.
Corzo, el hombre que encarna la idea del compromiso antes que el aplauso fácil. El que tolera la crítica como el que respira el aire escaso: con calma, pero con garra. El que se mantiene de pie cuando todo tiembla. Ese mismo fue quien, con un gesto de poder, lidera la marcha silenciosa hacia el título del Apertura.
Ganó la "U". Y lo hizo como ganan los equipos grandes: sin escándalo, sin alarde, pero con convicción. No fue el mejor partido del año. Pero fue uno de esos triunfos que valen el doble porque se ganan con temple, cabeza y corazón.
La "U" supo sufrir. Britos fue clave cuando el partido aún no se inclinaba. Riveros y Di Benedetto pasaron apuros, pero sostuvieron. Ureña, Inga y Concha guerrearon en la mitad. Valera, sin anotar, volvió a ser un obrero generoso. Y Fossati, fiel a su convicción, no renegó del estilo: respetó al grupo y ganó con temple.
Ya no es sueño, es camino. El Apertura está ahí, a un paso, pero no se canta victoria. Se honra el esfuerzo y se reza en silencio por lo que viene. En el mes patrio, antes de que las calles se tiñan de rojo y blanco, la nación crema ya dejó su huella en la altura. Porque este equipo no es solo puntos: es pasión que trasciende, es pueblo que acompaña.
Y si hubo gloria, fue merecida. Porque en Cusco, donde el aire pesa, la "U" se hizo liviana con fe, con garra, con historia.
LO QUE DICTA LA HISTORIA
Por los fundamentos antes propuestos:
- Incorpórese 3 puntos más a Universitario de Deportes por este triunfo, cuya suma asciende a 38.
- Declárese que el gol del capitán fue también un grito de fe colectiva.
- Declárese a la "U" como líder que respira hondo, incluso cuando falta el oxígeno.
Edicto Reflexivo por Idilio Crema.
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