EDICTO REFLEXIVO N°. 05

CENTRO DE ALTO RENDIMIENTO: UN FUTURO PROMETEDOR EN VIDU-CAMPOMAR

Antes podía decirse que los sueños germinaban en las conversaciones que nacían en la tertulia de los barrios, en la fugacidad de los cafés o en el lirismo etílico de las charlas nocturnas. Más allá de que se hablaba de política, también se hablaba —y con más pasión aún— de fútbol: de las derrotas de la selección, de los goles que se gritaban en diferido, de las ilusiones que se reconstruían con cada victoria aislada. Aquella tradición sigue viva, pero con una transformación evidente: esas riñas verbales y ensoñaciones se han trasladado a las redes sociales, donde hoy, entre desconocidos, se debaten estadísticas, se derrumban argumentos con memes y se construyen narrativas en hilos de comentarios.

Todo esto no solo habla de cómo ha cambiado el diálogo, sino también de cómo el fútbol nacional ha quedado atrapado entre el ruido y la desilusión. No es solo que estemos en crisis; es que ahora la decadencia se vuelve más nítida, amplificada por la inmediatez de lo viral, por la facilidad con que el lamento se convierte en tendencia.

Y sin embargo, hay noticias que interrumpen esa decadencia. Hay hechos que se presentan como oasis, como símbolos de que el cambio es posible.


Hoy, 23 de junio de 2025, Universitario de Deportes ha dado un paso que puede marcar un antes y un después no solo en su historia institucional, sino en la historia del fútbol peruano. Ha concluido la construcción de un Centro de Alto Rendimiento (CAR) en VIDU–Campomar, Lurín, un espacio donde se conjugan las ideas, los sueños y la planificación para formar futbolistas desde la base.

Hablar de un CAR no es simplemente hablar de más canchas o mejores camerinos. Es hablar de una visión integral del fútbol. Es hablar de detectar talento en los rincones del país —en Andahuaylas, en Piura, en los cerros de Lima— y de brindarles a esos chicos no solo un balón, sino una estructura. Una estructura que contemple lo físico, lo académico, lo emocional y lo nutricional. Porque para ser futbolista profesional no basta con el talento: se necesita también formar personas.

Los Centros de Alto Rendimiento en el mundo han sido el germen de los grandes semilleros. La Masía del Barcelona no solo parió futbolistas, parió una identidad: Incluso con ejemplos en la actualidad, la mayoría de su cantera conformó el primer equipo que le llevó a las semifinales de la Champions League . En Lezama, el Athletic Club de Bilbao construyó un modelo basado en la cantera local, defendiendo un estilo. En Países Bajos, el Ajax ha hecho de su escuela una forma de vida. Y en América Latina, clubes como Independiente del  Valle o River Plate supieron construir carreras y selecciones a partir de su cantera, ellos desarrollaron la industria del fútbol, que se evidencia a partir de la venta de su jugadores a grandes clubes de Europa. ¿Y Perú? Salvo esfuerzos aislados, ha carecido de infraestructura seria y sostenida para formar talentos de forma profesional.


Por eso, lo que Universitario está iniciando en Campomar no es menor. Es un acto de amor institucional hacia su futuro. Es también un acto político —en el mejor sentido del término— porque apuesta por el desarrollo en lugar del cortoplacismo, por la siembra antes que por la urgencia. Es comprender que el fútbol no se improvisa y que los ídolos de mañana necesitan una escuela hoy.

El Centro de Alto Rendimiento en VIDU–Campomar está diseñado para alojar jóvenes promesas, brindarles vivienda, alimentación, entrenamiento especializado y formación académica. Y no solo para fortalecer el primer equipo, sino para consolidar una estructura deportiva sostenible. Esto, además, se alinea con modelos de gestión moderna que buscan vincular la práctica deportiva con el desarrollo humano y social.

En esa línea, incluso desde la academia ya se viene observando con interés el caso crema. Existe una tesis circulando en redes, titulada “Ciudad Deportiva para el Club Universitario de Deportes en Campomar – Lurín”, que analiza con seriedad el impacto urbano, social y deportivo de esta infraestructura, demostrando que incluso desde el plano técnico, el proyecto está bien encaminado.


Invertir en formación no solo garantiza títulos a futuro; garantiza identidad. Garantiza pertenencia. Porque un futbolista que crece en casa no solo juega por contrato: juega por historia, por valores, por sentido de pertenencia. Tal como en  la red social X, el administrador Jean Ferrari posteó " Tarea cumplida, el CAR es una realidad y ahora el trabajo será intenso para llegar a los objetivos del fútbol formativo. Esto es un trabajo de mediano a largo plazo donde, los resultados llegarán según lo planificado. Seguimos avanzando cremas!!! "

El fútbol peruano, tan golpeado por la improvisación, necesita más proyectos como este. Más clubes que piensen en el mañana. Más periodistas que reflexionen, más hinchas que exijan procesos. La verdadera transformación del fútbol nacional no vendrá solo desde la selección ni de los milagros en eliminatorias. Vendrá desde el trabajo silencioso de las academias, desde los centros deportivos bien gestionados, desde los clubes que siembran para cosechar.

Hoy, el Club Universitario de Deportes siembra.

Y como tantas veces en su historia, lo hace cuando más se necesita creer.

Edicto Reflexivo por Idilio Crema: El Código Merengue.

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